La firme demanda de trigo por parte de los molinos es hoy el principal factor de mercado y como consecuencia, los precios del trigo disponible se cotizan a 200 dólares por tonelada en la zona de Rosario y a 205 dólares sobre Buenos Aires.

Este año los exportadores compraron un volumen récord de trigo en precosecha y durante la misma, y tienen ya cubierto todo el saldo exportable, incluso en exceso. Parte de ese excedente lo vendieron a los molinos, pero no obstante ello, la industria sigue necesitando el grano disponible para poder abastecer no solamente la demanda interna de harina, sino también la exportación, hasta llegar a empalmar el ingreso del trigo de la nueva cosecha.

El productor debe saber que una vez que los molinos cubran sus necesidades, o conforme nos acerquemos al ingreso de la nueva cosecha, el valor del trigo disponible irá en busca del precio del grano nuevo, ergo tiene un potencial de baja de US$25.

La industria molinera cuenta con una capacidad máxima de molienda de 12,5 millones de toneladas anuales, pero hoy solo procesa 6,5 millones. Hay, entonces, un 48% de capacidad de molienda ociosa, cuya única forma de poder reducir es a través de un sostenido aumento en las exportaciones de harina. De los 6,5 millones toneladas de trigo procesados, un millón corresponde a grano que se exporta como harina y el resto, a abastecer al consumo local.

Respecto del mercado interno, producto de la recesión económica que lleva más de dos años y de la pérdida de poder adquisitivo, el consumo de pan cayó de 90 kilos/per capita en 2015 a menos de 72 kilos en la actualidad. De ahí la importancia de la visión estratégica de la industria, de aumentar las exportaciones de harina.

La tarea de incrementar las ventas externas de harina no es sencilla, debemos competir con Turquía, el primer exportador mundial de harina de trigo. Ese país produce 20 millones de toneladas de trigo, pero su política interna solo permite exportar harina producida con trigo importado. Para que esa operatoria tenga sentido económico, el gobierno subsidia muy fuerte las exportaciones de harina a través de un sistema de reintegros y subsidios. Turquía importa 6 millones de toneladas de trigo y exporta su equivalente harina, unos 4 mill./t, volumen que representa un tercio del comercio mundial.

Para que la industria molinera argentina pueda competir en el mercado mundial y logre expandir sus exportaciones en un millón de toneladas, generando US$300 millones de ingreso de divisas adicionales y 4000 nuevos puestos de trabajo, el sector debería poder contar con ciertos beneficios arancelarios, como la eliminación de las retenciones a la harina que se exporte una vez superadas las 750.000 toneladas que se despachan en la actualidad. En definitiva, lo que todo el mundo hace y se conoce como generar y exportar valor agregado.

Autor: Pablo Adreani  - La Nación 

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